domingo, 3 de abril de 2011


Te propongo algo nuevo. Un sueño interminable. Te prometo que te levantarás siempre con una sonrisa, y te acostarás pensando en mí. Haré que cada día sea diferente. Ni mejor ni peor. Simplemente diferentes y especiales. Como tú y como yo. Como nosotros. Polos opuestos que chocan, pero que sobre todo se atraen. Habrá peleas, pero te garantizo que las reconciliaciones serán para no olvidar. Ten por supuesto que no faltarán besos y caricias, y que las cosas más sencillas serán las que siempre recordaremos. No dudes que habrá idas y venidas, subidas y bajadas, decepciones y alegrías. Sobre todo eso. Alegrías. Y también emociones, sonrisas, sorpresas, locuras, risas y algo de picardía. Te propongo una historia. La historia más bonita de todas. Nuestra historia




No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza, por eso de que sus caderas. Ya sé de sobra qué tiene esa sonrisa y esas maneras y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además la he visto seria ser ella misma y en serio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas que mírala cómo bebe las cervezas y cómo se revuelve sobre las baldosas y qué fácil parece a veces enamorarse. Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción. Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor, es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas. No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy el primero que entiende, el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras y los huevos por un minimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento.
Quiero decir que de versos a mí no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también lo veo. Que cuendo ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro y formato gemido y en formato secreto. Que me sé sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra. Que yo también he memorizado su número de teléfono pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse con bulerías. Que no sólo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo si que no tengo cojones a decirle que no a nada porque tengo más deudas con su esplada de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo). Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella, rendida en ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino, y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.
Que lo de "mira sí, un polvo es un polvo", y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y solo los sueños y pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre. Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos. Pero yo, muchas más que vosotros.
-Se te da muy bien mentir
-Casi siempre
-¿Que quieres decir con casi siempre?
-Pues no se, hay cosas imposibles de ocultar...
-¿Asi? ¿Algo imposible de ocultar para ti?
-Lo mucho que te quiero, eso es dificil de ocultar. Me esfuerzo para que no se me note demasiado, pero mira hasta te lo acabo de decir.