lunes, 4 de octubre de 2010

Enbellece tus SENTIDOS.

Pedaleó con más fuerza, con la lluvia pegándole el vestido al cuerpo, hasta que de pronto se vio por los aires y aterrizó contra el fango. Cerró los ojos y durante un momento solo escuchó el estruendo de la lluvia en los oídos, lavándole las magulladoras y el llanto de las mejillas.
-¿Te has hecho daño? - gritó Miguel, incorporándola.
Cat abrió los ojos.
-No, estoy bien - mintió.
Le temblaban los labios y el pelo se le pegaba a la cara. Miguel se lo apartó y la miró.
-¿Qué diablos haces aquí con la que está cayendo? - preguntó.
Estaba tan calado como ella. La lluvia le chorreaba por la cara como si llorara, y a Cat le pareció inmensamente tierno. Le puso las manos en las mejillas y se acercó mucho a él.
-Quería montar en bicicleta - susurró.



Miguel sonrió. Solo a su pequeña Cat se le ocurriría salir sin medias ni abrigo en pleno febrero para montar en bicicleta. Aunque terminara calada, aunque se destrozara las rodillas como los niños pequeños y luego tuviera que aguantar el escozor del betadine.
-Vamos a coger una pulmonía - dijo, respirando su aliento.
Le rozó la nariz con su nariz y la besó.
-No se coge una pulmonía por abrazarse bajo la lluvia. Aunque igual sí que deberíamos volver a casa, me está empezando a doler la herida de la rodilla.
-¿Mucho? - preguntó Miguel, besándola de nuevo.
A Cat le sonrieron los ojos.
-Un poquito nada más. Pero si me besas otra vez seguro que se me pasa. Segurísimo.

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